Daniel Noboa acaba de recibir una lección de democracia que no va a olvidar jamás. El millonario heredero de la fortuna bananera que gobierna Ecuador quiso aprovecharse del miedo de la gente para meter bases militares yankis en su país, para hacer una Constituyente a su medida y reducir la Asamblea. Y los ecuatorianos le dijeron: «aquí no, amigo».
Cuatro preguntas, cuatro derrotas. Una paliza histórica que demuestra que cuando la gente se organiza y dice basta, hasta el tipo más rico y poderoso tiene que agachar la cabeza. Porque esto no era solo un referéndum, era una trampa para entregarle el país a Estados Unidos y concentrar más poder en manos de Noboa.
Pero la ciudadanía no se dejó engañar. Dijeron NO a las bases militares estadounidenses, NO a eliminar el financiamiento de los partidos, NO a reducir la Asamblea de 137 a 100 diputados, y NO a su Constituyente de bolsillo. Un zasca en toda regla.