El jefe del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos acaba de dimitir en plena guerra con Irán acusando directamente a Trump de haber metido […]

El jefe del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos acaba de dimitir en plena guerra con Irán acusando directamente a Trump de haber metido al país en un conflicto fabricado por Israel. Y la respuesta del presidente naranja ha sido de manual: «Siempre supe que era muy débil.» El mismo tipo al que hace menos de un año llamaba héroe americano e insustituible. Ego herido, pasado reescrito, realidad ignorada. Lo de siempre, pero esta vez en medio de una guerra.

Lo más demoledor no es ni siquiera Trump, sino su propia portavoz, Caroline Leavitt, que publicó hace cinco días que no existía ninguna amenaza de Irán «y nunca existió», y cinco días después salió a defender que la amenaza era evidente e inminente. Las dos declaraciones están ahí, publicadas, con fecha. No hay manera de que las dos cosas sean verdad al mismo tiempo, y nadie en la administración ha dado ni una sola explicación coherente. Mientras tanto, el Pentágono, el Senado y hasta la ONU dicen lo mismo: Irán no tenía planes de atacar a nadie.