El lunes pasado ocurrió algo que en cualquier democracia funcional estaría en portada de todos los periódicos: alguien compró 1.500 millones de dólares en futuros del S&P500 justo 14 minutos antes de que Donald Trump publicara un tuit anunciando una pausa en los ataques a Irán. El mercado se disparó, el petróleo cayó, y esa posición generó 60 millones de dólares de beneficio en apenas 20 minutos. Esto tiene nombre en la legislación estadounidense: insider trading. Y está penado con hasta 20 años de prisión.
No es la primera vez. Con los aranceles en abril de 2025 ocurrió exactamente lo mismo: Trump anuncia aranceles brutales, los mercados se hunden, los pequeños inversores pierden sus ahorros, y justo antes del rebote los amigos del presidente compran a precio de ganga. Mientras tanto, el patrimonio de Trump ha pasado de 2.300 millones a 6.300 millones en un solo año siendo presidente. Toda su familia se ha enriquecido. Y los diez hombres más ricos del mundo han acumulado 728.000 millones adicionales en 12 meses. No es casualidad, es política.
El problema es que el organismo que debería investigar todo esto, la SEC, ha sido prácticamente desmantelada por la propia administración Trump. El zorro no solo cuida el gallinero: ha cerrado el gallinero, ha despedido a los guardas y ha puesto a sus amigos a vender los huevos. Guerras reales, vidas reales, tensiones que afectan al precio de la gasolina que pagas tú en España o en México, usadas como palancas de un casino privado.