Argelia acaba de premiar a España con un 12% más de gas barato. No es ninguna casualidad ni tiene una explicación técnica: es la respuesta […]

Argelia acaba de premiar a España con un 12% más de gas barato. No es ninguna casualidad ni tiene una explicación técnica: es la respuesta directa a que este gobierno se plantó y le dijo que no a Donald Trump, cerrando las bases de Rota y Morón a los bombardeos sobre Irán. Mientras el estrecho de Ormuz lleva semanas cerrado y el gas en el resto de Europa roza los 70€ el megavatio hora, España tiene 32 millones de metros cúbicos diarios llegando por gasoducto a precio de tubo. Eso se llama gobernar.

Cuando Albares salió a decir que España no prestaría sus bases para nada fuera de los tratados, Feijóo habló de irresponsabilidad, VOX habló de traición y la caverna mediática se puso en modo histérico. Los aviones cisterna se fueron a Alemania, que sí abrió sus bases, y la prensa más servil del país lo vendió como una humillación. Pero Alemania no tiene acuerdo con Argelia. España sí. Y Argelia no manda más gas a quien aplaudió los bombardeos, manda más gas a quien tuvo el valor de decir no.

Esto es soberanía real, no la de bandera. No la de Vox con su pulserita rojigualda mientras aplaude que Trump nos llame «terribles» y se cuadra ante Netanyahu. La de tomar decisiones que se notan directamente en la factura de la luz de millones de familias.