Trump ha llamado a España «aliado terrible» y ha cortado las negociaciones comerciales con nosotros. ¿El motivo? Que el Gobierno de España se ha negado a que Estados Unidos use nuestras bases militares para su guerra unilateral contra Irán — una guerra que ni siquiera el 75% de los propios ciudadanos estadounidenses apoyan.
El discurso de Sánchez ha sido claro: no a la guerra, no a repetir los errores de Irak, no a ser cómplices de algo que va contra el derecho internacional y contra los intereses de los españoles. Y tiene razón. La última vez que permitimos esto, tuvimos los peores atentados de nuestra historia.
Pero lo más surrealista ha sido la reacción de la oposición. Abascal escribiendo mensajes en inglés —con el Google Traductor— pidiendo ayuda a Trump para meter en la cárcel a Sánchez y Zapatero. Feijóo sin una sola propuesta concreta, limitándose a decir que «hay que apoyar a los aliados» sin explicar qué significa eso exactamente. Y el PP aplaudiendo que Estados Unidos use nuestro territorio para guerras que nadie nos ha pedido que hagamos.