Donald Trump acaba de levantar las sanciones al petróleo ruso. Sin avisar a Europa, sin consultar a nadie, sin ningún tipo de explicación que tenga sentido moral. Solo económico. Resultado: Rusia ingresa 150 millones de dólares extra al día, cerca de 5.000 millones este mes, que van directamente a financiar su economía de guerra mientras sus soldados siguen matando en Ucrania. Mientras tanto, Trump baila.
Lo que más debería indignar no es solo la traición a los aliados europeos, que pagaron un precio enorme en inflación y facturas energéticas para sostener esas sanciones. Es que Trump ha construido su guerra en Irán con exactamente el mismo manual que Putin usó en Ucrania: sin declaración de guerra, con eufemismos, con justificaciones morales de usar y tirar. Y ahora que el bloqueo del estrecho de Ormuz le ha disparado los precios, llama al rescate al mismo Kremlin que se supone que había que castigar. La lógica es retorcida y obscena, pero es perfectamente coherente si entiendes quién gana de verdad: no los ciudadanos, sino las petroleras y los multimillonarios de su círculo. La fortuna de Trump ha crecido 6.500 millones de dólares en unos meses. Hay que nombrarlo.
Todo lo que nos contaron sobre por qué era necesario sancionar a Rusia era una mentira útil, cómoda y muy rentable para Estados Unidos. Ahora que ya no sirve, la descartan sin un solo gesto de explicación. Europa con cara de tonta, Ucrania siguiendo en guerra, Putin celebrando y la clase trabajadora de todos los países del mundo pagando los platos rotos como siempre.