Alberto Núñez Feijóo lleva semanas haciendo el ridículo con la guerra de Irán, pero no por casualidad. No puede decir «no a la guerra de Trump» porque lo tiene cogido por los votos. VOX, la sucursal más sumisa del trumpismo en toda Europa, es quien le permite gobernar en Extremadura, Aragón y ahora también en Castilla y León. Y eso tiene un precio: callar, doblar la cerviz y hablar con la boca de Abascal.
Lo más llamativo es la comparación con el resto de Europa. Meloni, que no es precisamente de izquierdas, dijo que Italia no iba a ser base de operaciones para bombardear Irán. Le Pen criticó la invasión de Venezuela. Hasta la Comisión Europea, gobernada por el Partido Popular Europeo, rechazó meterse en la guerra. Y Feijóo, el supuesto líder de la oposición española, incapaz de articular tres palabras seguidas que no vengan dictadas desde Washington para Génova 13.
Mientras Trump suplica ayuda para desatascar el estrecho de Ormuz que él mismo provocó, aquí el PP y VOX aplauden y piden más. Esto no va de izquierdas o derechas. Va de si España tiene o no tiene una posición propia en el mundo. Y la respuesta, si gobiernan estos, es clara: no.