Trump lleva semanas diciéndole al mundo que está ganando esta guerra. Que las defensas iraníes están destruidas. Que la situación está «casi terminada». Y mientras dice eso, un F-35 —el avión más caro y supuestamente invisible del ejército americano— tiene que hacer un aterrizaje de emergencia después de ser alcanzado sobre territorio iraní. Y misiles iraníes viajan 4.000 kilómetros para golpear una base en el Océano Índico que se creía intocable. Diego García. El doble del alcance que Irán había declarado tener. En secreto. Durante todo este tiempo.
El Estrecho de Ormuz sigue cerrado. El Brent cerró por encima de 112 dólares el barril. Goldman Sachs advierte que los precios altos pueden durar hasta 2027. Y Trump, que prometió bajar la gasolina, está vendiendo petróleo iraní para intentar tapar el agujero económico de su propia guerra. Si eso no resume perfectamente lo que está pasando, no sé qué lo hace. El ultimátum de 48 horas que lanzó desde su mansión en Florida es el lenguaje de alguien atrapado, no de alguien que está ganando. Y sus aliados europeos —España, Francia, Alemania— lo saben tan bien que prefieren que los llame cobardes antes que meterse en esta aventura.
En este vídeo analizo los tres escenarios reales que hay sobre la mesa, por qué el relato oficial se está desmoronando, y qué significa que Irán haya atacado Dimona —la zona donde Israel guarda lo que nunca admite que tiene. Esto no es un conflicto regional menor. Es una guerra que puede cambiar los precios de la energía, el orden de la OTAN y el mapa de Oriente Medio durante años. Y merece que alguien lo explique sin eufemismos.