Javier Milei acaba de sufrir la humillación política más grande de su presidencia. El Senado argentino le ha dado una paliza histórica con 59 votos contra 9, rechazando sus vetos de manera contundente.
Los gobernadores de 22 de las 24 provincias le están diciendo a Milei que ya basta, que las provincias no pueden seguir siendo la variable de ajuste de un modelo que solo beneficia a especuladores financieros. Y lo peor es la reacción patética del gobierno: en lugar de reconocer la derrota, salen a hablar de «golpe blando» como si el Congreso ejerciendo sus facultades constitucionales fuera un atentado.
Con las elecciones de octubre acercándose y después de la paliza en Buenos Aires, Milei se queda cada día más solo. Un presidente sin poder real, un gobierno sin rumbo, mientras Argentina resiste como puede este experimento fallido.