Donald Trump tiene un problema brutal que casi nadie está mencionando: su aprobación está en mínimos históricos con un 55% de desaprobación y una diferencia de -14 puntos. Son números de presidente muerto políticamente, y él lo sabe perfectamente.
Por eso está acelerando, rompiendo límites constitucionales y enviando tropas a ciudades demócratas como Chicago, Los Ángeles y Portland. Ha declarado al movimiento antifascista como organización terrorista, ha ignorado órdenes del Tribunal Supremo y está convirtiendo la Casa Blanca en un búnker autoritario desde el que lanzar una guerra contra su propio país.
Los números no mienten. Obama en su peor momento estaba en +7% de aprobación. Trump está en -14%. Y cuando los ciudadanos te abandonan con el voto, solo queda intentar dominar por la fuerza. Estamos viendo en directo cómo un presidente convierte la democracia en autoritarismo porque sabe que el tiempo juega en su contra.