Ayuso ha vuelto a cruzar todas las líneas. En la Asamblea de Madrid ha llamado a la flotilla humanitaria «chiringuito de subvenciones» mientras ciudadanos españoles están secuestrados por Israel. Pero lo más grave es que ni su propio partido la respalda: Juanma Moreno Bonilla reconoce el genocidio en Gaza, Rueda también, y Feijóo se queda callado.
Mientras tanto, Almeida manda equipos de limpieza a borrar banderas de Palestina pintadas por niños, pero Madrid está llena de basura y ratas. Las Nuevas Generaciones del PP celebran el secuestro tuiteando «se acabó el crucero». Es la maldad institucionalizada.
8 de cada 10 españoles creen que Israel comete genocidio, incluyendo votantes del PP. Ayuso lo va a pagar en las urnas. Miles salen a la calle en Madrid para protestar. Y lo peor: todo esto lo hacen con una desfachatez absoluta, sin vergüenza, burlándose del sufrimiento ajeno.