Perú acaba de vivir un capítulo más de su crisis institucional sin fin. El Congreso destituyó a Dina Boluarte por «incapacidad moral permanente», ese eufemismo tan útil que sirve para encubrir los ajustes de cuentas entre élites. Lo irónico es que no cayó por los más de 60 manifestantes asesinados durante las protestas de 2023, ni por reprimir al pueblo andino, ni por sus escándalos de corrupción. Cayó simplemente porque dejó de ser útil para el bloque que la mantenía en el poder.
Ahora llega José Gery, un político sin base social que promete «reconciliación nacional» mientras el país sigue atrapado en el mismo bucle: 7 presidentes en 9 años, ninguno completa su mandato, y un Congreso que actúa como cartel institucional. Pero hay algo que las élites no controlan: la Generación Z y los movimientos desde abajo que están decidiendo que ya basta de este circo.