Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es absolutamente escalofriante. Donald Trump acaba de demostrar que la libertad de expresión en América ha muerto. Jimmy Kimmel, uno de los humoristas más reconocidos de la televisión estadounidense, ha sido despedido en apenas 48 horas por hacer un chiste que no le gustó al gobierno de Trump.
¿El «delito»? Burlarse de cómo Trump reaccionó al asesinato de Charlie Kirk, mostrando lo desconectado que está de la realidad. Pero la amenaza del gobierno fue directa: «O lo callan o les revocamos las licencias». Y funcionó.
Esto no es una democracia, es el descenso hacia una dictadura donde criticar al presidente te puede costar el trabajo. El mundo está viendo cómo se destruye la democracia estadounidense en tiempo real, y es aterrador.