Cara a cara entre Gabriel Rufián y Alberto Núñez Feijóo en la comisión de investigación sobre la DANA en el Congreso de los Diputados. Y ha sido un auténtico espectáculo. Rufián ha llegado con datos, con hechos y con los deberes hechos para desmontar una por una las mentiras de Feijóo.
Seis mentiras flagrantes: que la Confederación Hidrográfica del Júcar no avisó (mentira, avisó a las 11:45 y a las 12:20), que quería conocer los mensajes de Mazón con el presidente (cuando su jefe de gabinete formateó el móvil), que nunca cambió de teléfono (para contradecirse cinco minutos después en rueda de prensa), que tenía interés en saber la verdad (tardó un año en entregar los mensajes a la jueza), que había miembros del gobierno por videoconferencia en el CECOPI (para luego negarlo en la misma intervención) y la más grave: que la Generalitat pagó el 90% de las indemnizaciones, cuando en realidad no ha pagado ni un euro a las víctimas porque ni siquiera las reconoce como tales.
Feijóo se dedicó a lo de siempre: desviar, atacar a Sánchez, comparar la DANA con el accidente ferroviario de Álamo e intentar que todo pasara rápido. Pero Rufián no se lo permitió.
Un año entero protegiendo a Mazón. Las víctimas llamándole sinvergüenza. Y Feijóo diciendo que haría lo mismo. Este es el nivel del que aspira a gobernar España.