Gabriel Rufián ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: decir en voz alta lo que muchos piensan y nadie en la derecha quiere escuchar. En su último discurso en el Congreso, ha repasado uno por uno los países que han sido objetivo militar de Estados Unidos: Irak, Nigeria, Venezuela, Irán. Y la coincidencia es demasiado obvia para ignorarla — todos tienen reservas enormes de petróleo. Libertad, democracia, derechos humanos… el cuento de siempre. La realidad es crudo, poder y frenar a China.
Pero Rufián no se ha quedado ahí. Ha ido directamente a por PP y VOX, que llevan meses vendiendo patriotismo de pulsera y bandera en el cuello, y que en cuanto Trump les ha mirado mal se han puesto firmes. Los ha llamado lo que son: lacayos. Y de camino ha metido a Junts, que en el Parlament se abstuvo en una iniciativa para condenar a Trump, y en el Congreso lleva semanas bloqueando un decreto de alquiler que beneficiaría a tres millones de personas. La pregunta que Rufián ha lanzado al aire sigue sin respuesta: ¿para quién trabajan exactamente?