Donald Trump ha cruzado todas las líneas. Dos días antes de las elecciones en Honduras publicó un mensaje diciendo literalmente: «Si gana mi candidato, apoyo a Honduras. Si no, corto la ayuda». Así, sin rodeos. Extorsión pura y dura a un país donde un tercio de la economía depende de Estados Unidos.
Pero la cosa no acaba ahí. En el mismo mensaje anunció el indulto a Juan Orlando Hernández, el expresidente hondureño condenado a 45 años por traficar 400 toneladas de cocaína. El mismo Trump que dice combatir el narco en el Caribe liberando a un narco de verdad. La contradicción no es un error, es el mensaje: el narco no es el problema, el problema es quién controla el poder.
¿Y qué pasó? Honduras votó… y votó lo contrario de lo que Trump ordenaba. Entonces el presidente naranja perdió los papeles, gritó fraude y amenazó con «un infierno que pagar». Esto ya no es influencia, es imperialismo del siglo XXI con redes sociales y sanciones en tiempo real.
Honduras, Argentina, Venezuela, Colombia, México… el patrón es claro. La Doctrina Monroe ha vuelto actualizada con el nombre de Trump. Pero hay pueblos que resisten.