Donald Trump lleva semanas amenazando con destruir Irán, repitiendo que ya ha ganado la guerra, mientras exige a gritos que abran el estrecho de Ormuz. Y la respuesta que está recibiendo no son misiles, sino memes. Las embajadas iraníes de medio mundo han lanzado una campaña coordinada en redes sociales que está haciendo exactamente lo que más le duele a Trump: reírse de él en su propio terreno.
Lo que vemos aquí no es improvisación. Es una estrategia deliberada que mezcla ironía, referencias culturales y provocación calculada para vaciar de poder simbólico cada uno de sus ultimátums. Cuando Trump pone un tweet amenazante a las 8 de la tarde, la embajada de Irán en Zimbabue le pregunta si pueden cambiarlo para las dos. Cuando dice que ha tomado el control del estrecho de Ormuz, le responden con un vídeo de un pez. Eso no es solo gracia: es demoler la capacidad de intimidar de quien se cree el hombre más poderoso del mundo.
Y mientras Washington vacía las arcas en una guerra que ya ha costado miles de millones, Irán resiste, mantiene bloqueado el estrecho y le da la vuelta a la tortilla mediática. Trump está perdiendo el relato, perdiendo aviones y perdiendo la guerra de la imagen. Solo le quedan ultimátums que él mismo se encarga de convertir en chistes.