Javier Milei acaba de sufrir la mayor derrota política desde que llegó a la presidencia. El Congreso argentino, con una mayoría aplastante de 58 votos contra 7, rechazó sus vetos sobre el financiamiento universitario y los hospitales infantiles, dejando al descubierto la fragilidad absoluta de su gobierno a solo tres semanas de las elecciones legislativas.
Mientras las calles celebran y estudiantes, trabajadores y médicos respiran aliviados, el plan económico de Milei hace agua por todos lados. El Banco Central quema reservas, el riesgo país se dispara, y para colmo, su candidato estrella José Luis Espert está siendo investigado por vínculos con Fred Machado, un empresario acusado de narcotráfico en Estados Unidos.
Y como si eso fuera poco, Trump le acaba de dar un golpe brutal: el secretario del Tesoro estadounidense aclaró públicamente que NO van a darle dinero a Argentina, solo una línea de swap. Milei fue a arrodillarse con su tuit impreso y volvió con las manos vacías.
El FMI le pide «generar apoyo político», pero ¿cómo vas a generar confianza cuando tu hermana cobra el 3%, tu candidato tiene vínculos con narcos y pierdes todas las votaciones en el Congreso? Argentina está en una encrucijada: o se resiste a la destrucción del Estado o termina entregando todo a los intereses estadounidenses. Las elecciones del 26 de octubre van a ser determinantes.