Trump lleva días proclamando que hay conversaciones «muy fuertes, muy intensas» con Irán, que hay puntos de acuerdo, que «went perfectly». El problema es que cada vez que abre la boca, los propios funcionarios iraníes salen a desmentirle en tiempo real. Le preguntan que cuántos puntos de acuerdo hay y dice que como 15. Le piden que diga uno solo. No puede. El único que menciona es que Irán no tendrá armas nucleares… algo que ya estaba acordado antes de que él mismo rompiera el pacto de Obama. El nivel es estratosférico.
Lo que vemos no es torpeza ni desorganización. Trump genera ruido deliberadamente: mientras discutimos si hay o no acuerdo con Irán, no hablamos de que metió al mundo en una guerra sin autorización del Congreso, no hablamos de que se burló de la muerte de un ex director del FBI, no hablamos de los marines desplegados ni de los miles de millones gastados en un país sin sanidad pública. El espectáculo es la estrategia. Y mientras, el estrecho de Ormuz sigue cerrado y el petróleo sigue por las nubes.
El 20% del petróleo y gas mundial pasa por ese estrecho. Países de África y Asia que no tienen nada que ver con esto están pagando las consecuencias de una guerra que decidieron Israel y Estados Unidos sin consultar a nadie. Las clases trabajadoras de todo el mundo están absorbiendo la factura de este circo.