Javier Milei está dejando que Argentina arda, literalmente. Mientras más de 20.000 hectáreas de bosque nativo se convierten en cenizas en la Patagonia, el presidente se dedica a publicar fotos generadas con inteligencia artificial haciéndose el héroe con los bomberos, sin ni siquiera viajar a la zona del desastre.
Los recortes de Milei han sido brutales: 90% menos de presupuesto para prevención de incendios, despido de 300 brigadistas del SPLIF, salarios de miseria (apenas 300 euros al mes), y eliminación del Ministerio de Ambiente. Todo mientras los trabajadores luchan contra las llamas con equipamiento obsoleto y jornadas de 16 horas.
Pero lo peor es la sospecha de que detrás de estos incendios hay intereses inmobiliarios y empresariales. Tierras que antes valían poco, ahora, quemadas y «limpiadas», se venden a precio de oro para urbanizaciones, complejos turísticos y grandes proyectos. Mientras Argentina arde, el negocio sigue su curso.