El asesinato de Charlie Kirk en Utah ha desatado una campaña de propaganda sin precedentes por parte de Trump y la extrema derecha americana. Antes de que enfriara el cuerpo, antes de que hubiera detenidos o pruebas, Trump ya había encontrado a los culpables: «la izquierda radical».
Kirk, a pesar de condenar rotundamente lo ocurrido, era un propagandista que sembró odio durante años. Ahora su muerte está siendo utilizada para escalar esa misma retórica a niveles que ni él habría imaginado. Estamos ante el momento más peligroso para la democracia americana desde el asalto al Capitolio.