Estados Unidos acaba de derribar un dron iraní sobre el Mar de Arabia. Un F-35 disparó contra un Saeed 139 que se acercaba al portaaviones Abraham Lincoln. Y mientras tanto, la Casa Blanca dice que las negociaciones siguen en marcha. Conversaciones muy civilizadas, eso sí, con una flota entera apuntando a Teherán.
Horas antes, seis cañoneras iraníes intentaron abordar un petrolero estadounidense en el estrecho de Ormuz. Pero claro, supuestamente aquí no pasa nada. Trump exige la rendición total del programa nuclear iraní, la entrega de todo el uranio enriquecido y que Irán renuncie a cualquier capacidad de defensa. Eso no es negociar, es dictar con el dedo en el gatillo.
La misma estrategia que con Venezuela: presión máxima, amenaza militar y después la «oferta generosa» de sentarse a hablar. Pero Irán no es Venezuela. Tiene más capacidad militar, aliados en la región y la voluntad de responder. Vivimos en un mundo más peligroso que ayer, pero seguramente menos peligroso que mañana.