Trump acaba de confesar lo impensable: Estados Unidos ha bombardeado territorio venezolano. Lo anunció en una rueda de prensa junto a Netanyahu dos días antes de Navidad, como quien comenta el tiempo en Florida. Según sus propias palabras, destruyeron una «gran instalación» desde donde supuestamente salían barcos con petróleo y oro venezolano.
Esto es un acto de guerra en toda regla, un ataque imperialista descarado contra un país soberano. Y lo más grave: lo dice tranquilamente, sin declaración de guerra, sin consultar al Congreso, sin ningún tipo de justificación legal. Trump y Netanyahu, dos criminales de guerra juntos, planeando cómo seguir saqueando y destruyendo países que no se arrodillan ante sus intereses.
Mientras tanto, los medios de comunicación occidentales callan o minimizan lo ocurrido. Imagínate si fuera al revés, si Venezuela hubiera atacado territorio estadounidense. Ya estarían pidiendo intervención militar a gritos.