Estados Unidos acaba de hundir una fragata iraní en el Océano Índico, a 80 kilómetros de Sri Lanka — no de Irán, de Sri Lanka — y en lugar de tratarlo como lo que es, un ataque letal contra un barco que regresaba a casa después de unos ejercicios navales con la India, lo han convertido en contenido de redes sociales. 87 muertos mínimo, más de 100 desaparecidos, y la Casa Blanca subiendo el vídeo del torpedo para que le des like.
El Secretario de Guerra — que antes presentaba programas en Fox News, por si te faltaba contexto — lo presentó ante las cámaras con el eslogan «Muerte Silenciosa». Como si fuera el tráiler de una película de Tom Clancy. Mientras tanto, Trump ya ha anunciado que no piensan seguir «reglas de enfrentamiento estúpidas». Traducción: han tirado el manual por la ventana. Y cuando no hay frenos de un lado, tampoco los va a haber del otro.
Todo esto ocurre mientras el presupuesto militar de EEUU supera los 900.000 millones de dólares, 40 millones de personas no tienen sanidad, y la rabia social acumula presión dentro del país. La guerra espectáculo no es un efecto secundario: es la estrategia. Una cortina de humo con forma de columna de agua.