Trump ha declarado la guerra a su propio pueblo. Lo que estamos viendo en Minneapolis no tiene precedentes en la historia reciente de Estados Unidos: más de 3.000 agentes federales encapuchados, sin identificación, con «inmunidad absoluta» dada por el propio presidente para disparar a quien les moleste.
Han matado a una madre de 37 años por grabar una redada con el móvil. Tenía peluches en la guantera, venía de llevar a su hijo al colegio. Y la respuesta del gobierno ha sido llamarla «terrorista doméstica» y a los agentes «patriotas».
Esto no es control migratorio, es una demostración de terror. Trump ha encontrado lo que todo dictador necesita: su propia fuerza paramilitar que responde directamente ante él, fuera de cualquier control democrático.
Las encuestas ya dicen que el 56% de los estadounidenses considera inapropiado el uso de la fuerza y casi la mitad del país quiere abolir el ICE. Pero a Trump no le importa la mayoría, solo necesita que sus bases más fanatizadas le aplaudan mientras construye su régimen redada tras redada.