Trump acaba de amenazar con invocar la Ley de Insurrección de 1807 para desplegar al ejército estadounidense contra sus propios ciudadanos en ciudades demócratas como Portland y Chicago. ¿Y sabes cuál es la gran amenaza que justifica esto? Manifestantes pacíficos disfrazados de rana protestando contra las deportaciones masivas. Sí, has leído bien.
Una jueza federal —nombrada por él mismo— bloqueó el despliegue por inconstitucional, pero Trump sube la apuesta: si los jueces se interponen, mandará directamente al ejército. Mientras tanto, agentes federales rocían con gas pimienta a un manifestante con disfraz de anfibio, intentando asfixiarlo dentro del traje.
Stephen Miller habla de «insurrección legal», Laura Loomer pide ignorar a los jueces, y un veterano del ejército con servicio en Afganistán alerta de que Trump está pidiendo a las tropas desobedecer la Constitución. Esto no es política normal, es el manual del autoritarismo en acción: fabricar crisis, ofrecer soluciones que requieren poder absoluto, declarar enemigos a quien disiente y normalizar la ocupación militar.