Donald Trump ha perdido completamente los papeles. En plena Acción de Gracias, a medianoche, mientras los estadounidenses cenaban con sus familias, el presidente estaba encerrado publicando insultos contra el gobernador de Minnesota, Tim Walz, llamándolo «retrasado». Así, sin más. El comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo insultando como un crío.
Pero esto no es solo un arrebato más. Trump está hundido: Gallup le da un 36% de aprobación, el más bajo de su segundo mandato. Ha perdido 7 puntos entre los propios republicanos. Y lo de Epstein le está explotando en la cara: 427 votos a 1 para obligarle a publicar los archivos que prometió liberar y que ahora intenta ocultar desesperadamente.
Y mientras su partido se fractura, ¿qué hace? Amenazar con invadir Venezuela con 15.000 soldados y un portaaviones nuclear. Al mismo tiempo que indulta a Juan Orlando Hernández, condenado por meter 400 toneladas de cocaína en Estados Unidos. La hipocresía no puede ser más evidente.
Esto ya no es política, es el deterioro en tiempo real de un hombre con acceso a los códigos nucleares.