Trump ha vuelto a hablar de España y, como siempre, nos ha hecho un favor sin querer. Ha dicho que España lo está haciendo muy mal, que no coopera con su guerra en Irán, que podría cortar el comercio con nosotros. Pues bien: para mí es un orgullo que este señor nos critique. Solo faltaría que tuviésemos que aplaudir una guerra en la que su propio ejército ha reconocido haber bombardeado una escuela matando a 170 niños, mientras él baila en sus mítines.
Y lo de cortar el comercio con España es directamente una mentira. Trump no puede llamar a Sánchez y cerrarle el grifo comercial como si esto fuera un trato entre dos particulares. El comercio lo negocia la Unión Europea como bloque, a través de Bruselas. O lo sabe y miente, o no lo sabe y es un ignorante. En cualquier caso, es teatro para su audiencia doméstica. Nada más.
Mientras tanto, el balance de su guerra en Irán es devastador: 11.300 millones de dólares en la primera semana, ocho militares estadounidenses fallecidos, 140 heridos, y la inteligencia de su propio país reconociendo que el liderazgo iraní sigue intacto. Y por si fuera poco, en España tenemos a Aznar —el mismo que nos mintió con las armas de destrucción masiva en Irak— pidiendo ahora un cambio de régimen en Irán.