Donald Trump protagoniza uno de sus momentos más ridículos hasta la fecha en la sede de Naciones Unidas. Todo empieza cuando se sube a una escalera mecánica que se para (por culpa de su propio camarógrafo) y, en lugar de asumir que fue un simple accidente técnico, Trump grita «sabotaje» y exige investigaciones del Servicio Secreto.
Mientras el presidente naranja se queja de escaleras y micrófonos, Gabriel Boric, presidente de Chile, le da una lección magistral de lo que debería ser un verdadero discurso en la ONU: basado en hechos, no en fantasías conspiratorias.
Este es el nivel al que hemos llegado: el presidente de la superpotencia mundial más preocupado por una escalera mecánica que por los problemas reales del mundo. Y lo más trágico es que millones de personas se creen estas locuras.