Javier Milei volvió de Estados Unidos y fue absolutamente ridículo. En su 13ª visita a EEUU, el presidente argentino protagonizó una de las escenas más humillantes que se recuerdan: Trump lo trató como a un subordinado, no le hizo caso cuando habló en castellano durante varios minutos porque no había traductor, y para colmo condicionó el apoyo económico de 20 mil millones de dólares a que Milei gane las elecciones de octubre.
Trump literalmente dijo «si no ganan, no vamos a estar mucho tiempo con ellos», interviniendo directamente en unas elecciones soberanas de Argentina. Los mercados argentinos se desplomaron al instante. Y mientras todo esto pasaba, Milei le entregaba un cuadro enmarcado nominándolo al Nobel de la Paz (cuando ya se había entregado este año), lo llamaba «my friend» con ojos desorbitados y se comportaba como un fan en Disneyland.