Donald Trump ha dado un paso más en su delirio imperialista. Según ha revelado el Financial Times, funcionarios del Departamento de Estado se han reunido en secreto hasta tres veces con líderes del grupo separatista de extrema derecha Alberta Prosperity para financiar la independencia de esta provincia canadiense, que tiene el 98% de las reservas de petróleo de Canadá. El objetivo: una línea de crédito de 500.000 millones de dólares para romper un país aliado desde dentro.
La respuesta de Canadá ha sido contundente. Mark Carney ha reunido a todos los líderes provinciales mostrando unidad, y varios de ellos, tanto progresistas como conservadores, han calificado directamente de «traición» lo que está haciendo este grupo separatista con el respaldo de Washington. Mientras tanto, un exgobernador de Minnesota ha propuesto lo contrario: que su estado se una a Canadá.
Lo más irónico es que toda esta agresión ha provocado el efecto contrario: los liberales de Carney pasaron de ir 20 puntos abajo a arrasar en las elecciones, en uno de los mayores vuelcos electorales de una democracia moderna. Trump está empujando a Canadá directamente a los brazos de China.