Trump acaba de reunirse con Xi Jinping en Corea del Sur y ha anunciado una reducción inmediata de aranceles a China: del 20% al 10% en fentanilo y del 57% al 47% en el resto de productos. Después de meses amenazando con el apocalipsis comercial, ladrando desde Washington y prometiendo aranceles del 145%, el presidente se sienta cara a cara con el líder chino y se derrite como un helado al sol.
Lo llama «mi distinguido amigo», habla de «un gran líder de un gran país» y reduce los aranceles sin condiciones reales. El mismo tipo que en campaña decía que China estaba «violando a Estados Unidos» ahora lo acompaña hasta el coche con una sonrisa. China le ha dado una moratoria de un año en tierras raras, básicamente diciéndole: «tienes 12 meses para intentar ser menos dependiente de nosotros, pero ambos sabemos que no lo vas a conseguir».