TRUMP SE RINDE CON IRÁN. RETIRA SU ULTIMATUM Y TODOS SE RÍEN.

Trump lanzó un ultimátum a Irán. 48 horas, decía. O abren el Estrecho de Ormuz o los destruyo. En mayúsculas, claro, porque cuantas más mayúsculas […]

Trump lanzó un ultimátum a Irán. 48 horas, decía. O abren el Estrecho de Ormuz o los destruyo. En mayúsculas, claro, porque cuantas más mayúsculas pone, más loco está. Pues bien: pasaron las 48 horas, Irán no solo ignoró el ultimátum sino que respondió con otro más concreto y más creíble, y Trump… publicó otro tuit en mayúsculas anunciando «conversaciones muy positivas, profundas y constructivas». Conversaciones que Irán desmintió en directo. Que no habían existido. Que se las había inventado.

Esto no es política exterior, es un pirómano convocando una rueda de prensa sobre la importancia de los bomberos. Llevamos cuatro semanas de guerra, 1.000 millones de dólares al día, el precio del petróleo por las nubes, el Estrecho de Ormuz bloqueado, y el resultado es que Trump tiene que retractarse en público inventándose unas negociaciones para que los mercados no se derrumben del todo. China, mientras tanto, observa desde la distancia sin gastar un solo dólar y aprende todo sobre cómo funciona —y cómo falla— el ejército más caro del mundo.

La credibilidad de los ultimátums de Trump ya cotiza en los mercados financieros: hay inversores que ganan millones comprando cuando amenaza y vendiendo cuando se acobarda. Eso no es un análisis político, es una estrategia validada por los hechos. El presidente de la mayor potencia armada del mundo escribe en mayúsculas para compensar que no puede cumplir lo que dice. Y lo pagamos todos, en la factura de la luz, en el precio de la gasolina, en un mundo cada vez más inestable.