Trump lleva semanas diciéndonos que la guerra con Irán está «prácticamente terminada». Pero la realidad es que ha salido por la puerta de atrás después de uno de los fracasos estratégicos más espectaculares de una superpotencia en décadas.
Quería elegir al líder supremo de una república islámica de 88 millones de personas. El resultado: Irán nombró líder supremo a su hijo más duro, la Guardia Revolucionaria dice que sus misiles son más potentes que al inicio, el petróleo superó los 119$ y los mercados se hundieron en todo el mundo. Trump les ha dado la excusa perfecta para unificarse.
Y encima sale en rueda de prensa a decirnos que ha ganado. Como siempre. Porque Trump nunca pierde, solo gana de maneras que los demás no entendemos.