TRUMP SE VUELVE LOCO CON LA PRESIDENTA DE JAPÓN. ESTO NO ES NORMAL…

Donald Trump no tiene límites. Esta semana lo hemos vuelto a ver en acción: bromear con Pearl Harbor delante de la primera ministra de Japón, […]

Donald Trump no tiene límites. Esta semana lo hemos vuelto a ver en acción: bromear con Pearl Harbor delante de la primera ministra de Japón, enseñar su colección de gorras a Macron y Zelenski como si estuvieran en su trastero, y sentar a los líderes europeos como si fueran alumnos castigados mientras él les da la gran lección magistral. Y todo esto, difundido por la propia Casa Blanca. No es un late night. Es la primera potencia del mundo en 2025.

Lo más grave no es que Trump sea así —eso ya lo sabemos todos—, lo más grave es que los demás se lo permiten. Que Macron, Ursula von der Leyen o Meloni se sienten ahí, con la boca cerrada, aguantando el numerito. Que el secretario general de la OTAN le manda mensajes de whatsapp diciéndole «papito» y Trump le hace captura y lo sube a redes sin pestañear. Eso no es culpa de Trump. Eso es culpa de quienes se arrodillan.

Y mientras tanto, este hombre da lecciones sobre armas nucleares al único país que ha sufrido una bomba atómica. Da lecciones de energía cuando él mismo cerró el estrecho de Ormuz con su guerra contra Irán. La decadencia del imperio americano no es un titular: es lo que estamos viendo cada día.