La imagen que está recorriendo el mundo lo dice todo: Donald Trump mirando con ojitos de enamorado al alcalde socialista de Nueva York, Eric Adams, al que durante meses llamó «comunista lunático» y amenazó con arrestar. Media hora de palmaditas, sonrisas y declaraciones de amor político en la Casa Blanca que demuestran lo fácilmente influenciable que es Trump con los ganadores.
Lo más patético es ver cómo Trump le dice a Adams «no puedes decir que soy fascista» mientras se desdice de todas las amenazas que lanzó durante la campaña: deportarlo, cortarle los fondos federales, enviar tropas a Nueva York… Ahora dice que «votaron bien por él» y que es «muy capaz».
El hijo de Trump había amenazado el día anterior con que su padre iba a destrozar a Adams. El resultado: Trump babeando como nunca lo hemos visto, más sonriente que cuando está con sus propios hijos, mientras JD Vance debe estar que trina viendo estas escenas. La hipocresía trumpista en su máximo esplendor.